PROGRESO

En este artículo es un extracto adaptado de la Guía de los Descarriados de Maimonides, concrétamente, se toma aquí, como tema central el progreso como una sana aspiración humana, los puntos planteados son: Desarrollo Personal, Superación personal, Valores familiares, Maneras de Progresar, Trabajo, Salud, Personalidad, Espiritualidad.

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Los antiguos y modernos filósofos han enseñado que hay cuatro formas de progresar:

Cómo prosperar

Trabajo

Progreso a través del trabajo. La primera, a cuyo logro dedican muchos hombres toda la vida, es el progreso que se cifra en la propiedad: Poseer dinero, ropas, muebles, criados, tierras, y otras cosas del mismo linaje. No hay aquí íntima unión entre la posesión y el poseedor. Cuando una persona dice: "Esta es mi casa, este es mi criado, este es mi dinero, o estas son mis guardias y ejércitos" establece una relación puramente imaginaria, engañado por las grandes ventajas y provechos que saca de poseer tales cosas. Pero si lo examina bien, hallará que se trata de bienes exteriores cuyas cualidades son enteramente independientes de su dueño. Por eso, cuando cesa la relación, el que ha sido gran rey puede hallarse una mañana igualado al más vil de los hombres, sin que hayan experimentado mudanza alguna las cosas que creía poseer. . Los filósofos han enseñado que el que cifra todos sus anhelos y afanes en poseer esta clase de progreso, anda detrás de cosas perecederas e imaginarias, que aunque le pertenecieran durante toda la vida, no le harían mejor ni más perfecto.

Salud

El progreso a través de la salud. La segunda clase se refiere más directamente al cuerpo del hombre y comprende la perfección de la forma, constitución y aspecto del cuerpo humano; el equilibrio de la naturaleza, y el orden y vigor de los miembros. Tampoco esta clase de progreso debe constituir nuestra aspiración suprema; porque es un bien del cuerpo, y el hombre no posee el cuerpo en cuanto hombre, sino en cuanto criatura, compartiendo esta propiedad con los animales inferiores. Aunque una persona poseyera las mayores fuerzas, no sería más poderosa que la mula, ni que el león o el elefante; conseguiría a lo más las fuerzas necesarias para acarrear una pesada carga, romper una gruesa y sólida substancia, o cosas similares, en las que no hay mayor provecho para el cuerpo. En cuanto al alma, ningún beneficio puede venirle de esta clase de perfección.

Personalidad

La tercera atañe a la condición moral, que es el más alto y excelente grado de la naturaleza humana. La mayoría de los preceptos aspiran a producir este progreso; pero todavía no es sino el ejercicio preparatorio para otra de más altos quilates, y no debe ser buscada por sí misma. Porque todos los principios morales conciernen a la relación y trato del hombre con su vecino; los principios de la perfección moral nos han sido dados para beneficio de la humanidad. Imagina que una persona estuviese a solas, sin trato con ninguna otra, y, entonces, todos los principios morales serían innecesarios y no le añadirían perfección alguna. Estos principios adquieren valor y utilidad únicamente cuando el hombre se pone en contacto con sus semejantes.

Espiritualidad

La cuarta clase de progreso es la verdadera y propia del hombre: Poseer y disfrutar las más altas facultades intelectivas, y las nociones que nos llevan a conocer a Dios. Alcanzada esta perfección, el hombre ha logrado su objetivo final. Ella le da verdadera perfección de hombre; a él solo le pertenece; le otorga la inmortalidad, y es por razón de ella por lo que se le llama hombre.

Claramente no vale la pena de andar tras el progreso a través del trabajo, de la salud o la personalidad, ni en que se nos honre y gloríe; la única perfección digna de ser buscada, la sola que allega gloria y honra, es el conocimiento de Dios, es decir, la verdadera sabiduría. Tu aspiración debe encaminarse a obtener esta perfección que es exclusivamente tuya, en vez de afanarte y fatigarte por cosas que pertenecen a otro, descuidando y abandonando tu alma hasta que por completo pierde su pureza original, vencida y dominada por los poderes corporales.

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